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DISTINCIÓN: COMPROMISO VS. OBLIGACIÓN

Publicado en Sin categoría el 16 enero, 2019

“La capacidad de comprometernos es probablemente el aspecto más destacable y constitutivo de nuestra existencia” (Jim Selman)

El compromiso es un elemento fundamental para un proceso de coaching. Genera acción, cambio y, por tanto, aprendizaje. El compromiso es sustancial al ser humano e influye directamente en nuestras relaciones interpersonales y en la consecución de nuestros objetivos. Estamos comprometidos con algo y eso nos lleva a que hagamos unas u otras elecciones. A estas elecciones las llamamos priorizar una tareas frente a otras. Para ello, es fundamental identificar primero nuestra meta, nuestro objetivo y comprobar cuál es nuestro nivel de compromiso.

Aquí hay que alertarse ante los “tengo que”, “me gustaría”, “me encantaría…pero…” y poner especial atención en los “quiero”, “voy a por ello”…, estos últimos son indicadores del compromiso. El compromiso es una palanca que nos lleva a priorizar, por eso cuando tengo claro lo que quiero y estoy comprometido, desaparece la excusa del “no tengo tiempo”.

Si nos fijamos en dónde ponemos foco cada uno de nosotros, nos daremos cuenta dónde estamos más comprometidos. Es decir, si estamos más de 14 horas trabajando, posiblemente estemos más comprometidos con nuestro trabajo que con nuestra familia. Si dedico diariamente un tiempo al deporte y cuido mi alimentación estaré comprometido con cuidarme. Si pedimos una excedencia temporal tras el nacimiento de nuestro hijo, estaré más comprometido con la crianza del bebé que con mi carrera profesional.

El compromiso supone la elección de una cosa por otra y renunciar a otras. Aquí es importante saber cuál es mi objetivo y medir mi grado de compromiso. Lo interesante es preguntarnos con qué estamos comprometidos en cada situación, fijar un objetivo y poner en marcha las acciones para conseguirlo.

Otro punto a tener en cuenta es identificar la emoción que se genera cuando una persona o un equipo está comprometido con su objetivo. Si leemos los dominios de actuación en el coaching como son el lenguaje, el cuerpo y la emoción, podremos identificar cuándo una persona está comprometida con su objetivo o no.

Por ejemplo, si observamos su lenguaje podemos encontrar palabras del tipo: “quiero”, “voy a”, “estoy comprometido”, “me llena de ilusión”, “es lo que me gusta”, “disfruto”, “ahora mismo”. Si apreciamos su corporalidad, podremos observar algunos comportamientos del tipo: los ojos se iluminan, la expresión del rostro es abierta, su tronco y hombros están expandidos y su paso es más firme y seguro. Si percibimos su emoción, encontramos emociones del tipo: ilusión, ambición, superación, optimismo y confianza.

El nivel de compromiso se muestra patente tanto a nivel individual como en un equipo. Los aficionados al deporte suelen leer este tipo de comportamientos en su equipo, midiendo su grado de compromiso cuando pisan el terreno de juego. Para ilustrarlo más claramente, pensemos en la distinción contraria al compromiso, la obligación.

Por otro lado, paradójicamente, podemos vivir un compromiso desde la obligación. Esto puede suceder cuando nos hemos comprometido a priori con alguien o con algo y no vamos a ser capaces de cumplirlo o el hecho de cumplirlo nos puede originar importantes complicaciones. En este caso, si seguimos con el compromiso se puede volver una obligación. Y si lo rompemos hemos incumplido nuestro compromiso. ¿Qué hacemos?

En coaching sostenemos la creencia de que un compromiso se puede renegociar e incluso romperse, una persona tiene la flexibilidad y la elección de decir qué hacer en cada momento. Es importante señalar que si una persona está continuamente renegociando y rompiendo sus compromisos, su imagen pública puede verse perjudicada y esto afecte a su credibilidad. Sin embargo, una vez sopesados los beneficios y riesgos, es importante sentirnos libres a la hora de decidir si seguir adelante con un compromiso, renegociarlo o romperlo. En nuestra mano está relacionarnos desde el compromiso o desde la obligación.

En un proceso de coaching, el cliente se compromete con aquello que quiere conseguir, y el coach chequea con él su grado de compromiso y si las acciones y comportamientos están alineados con la consecución del objetivo. Estar comprometido con un objetivo significa haber hecho una elección libre e identificar tanto los beneficios, como el coste y esfuerzo que dicha elección supone.

En definitiva, el compromiso tiene la potencia de que cada uno de nosotros decidamos libremente el objetivo que queremos en nuestras vidas, de que nos posicionemos desde donde queremos vivirlo, que actuemos o no de acuerdo con ese objetivo. Y que nos preguntemos ¿desde qué emoción queremos sentirlo?, ¿con qué actitud? y ¿con qué lenguaje?

Ejemplos de juicios y creencias asociadas:

1. Obligación. Aquellas frases que empiezan por: • “Tengo que….”.

  • “Es mi obligación…”.
  • “Hay cosas que hay que hacerlas aunque no te gusten…”.
  • “Si no hay más remedio…”.

• “No puedo romper un compromiso”.

2. Compromiso. Aquellas frases que empiezan por : • “ Quiero…”.

  • “Voy a…”.
  • “Me comprometo”.
  • “Si”.
  • “Estoy dispuesto”.
  • “Cuenta conmigo”.
  • “Lo tienes para X día”.